Desde que nació ha pasado cierto tiempo hasta el día de hoy. Dicho tiempo, por el momento, vamos a obviarlo.
Ahora ha empezado a oler, pero a oler de verdad; la curiosidad le pica y, poco a poco, la desconfianza deja de ser un problema.
Cuanto más se acerca, más caliente y... pica más. Sin baches ni obstáculos el viaje va sobre ruedas.
Tras un simple olor, el aroma es cada vez más fuerte, hasta que, por fin, el olor se hace sabor sabor. La prueba definitiva, el plato principal. La gloria sabe mejor de lo que me esperaba.
Sabe que dicen que lo bueno si es breve, dos veces bueno. El problema es que la velada le pareció demasiado breve y le supo a poco.
Ahora solo queda el recuerdo, el bote de canela y una cerveza.
Dulce impotencia, amargos recuerdos. Manos atadas, miradas perdidas... Y es que, al fin y al cabo lo que ayer pude probar; hoy, con cuidado, puedo recordar.

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