Corrió a su habitación a llorar dando un portazo. Lágrimas zigzagueaban entre las pecas del niño mientras gritaba en silencio. Sacó de su escondite la chaqueta de su motivo, su victoria. Se metió bajo las sábanas y la abrazó fuerte para que no se escapara. Y así se pasó todo el día y toda la noche, bajo las sábanas; escondiéndose de la ciudad, del Sol; junto con la chaqueta.
Y al amanecer tomó la decisión más importante de su vida; la de pasar el resto de sus días desentumecido, para siempre, unido a su brisa fresca matinal.
La ventana siempre fue una solución real.




