Varsovia, setenta años atrás.
Me asomé por la ventana unos segundos, los vecinos de enfrente estaban cenando la poca comida que una familia humilde de aquella época se podía permitir. De repente, escuchamos todos un montón de jaleo a fuera. Rápidamente le hice una señal a mi hermano y este salió disparado a apagar todas las luces de la casa, tal y como hizo todo el vecindario. Yo seguía asomado a la ventana. Empezaron a subir oficiales por todo el edificio de enfrente, llegando así hasta la familia que estaba antes mirando. Estaban todos muy quietos sentados alrededor de la mesa como si no pasara nada; aunque sus ojos aterrados les delataban.
- Steht ihr auf! - Gritó uno.
Y todos los miembros de la familia se levantaron; todos, menos uno, el abuelo, que no podía levantarse porque estaba en silla de ruedas.
- Steh auf!
- Le gritó otro.
El pobre no pudo levantarse por mucho que quiso. Asique entre dos oficiales cogieron la silla de ruedas con el anciano en ella, se acercaron al balcón de la casa y lo volcaron arrojándolo desde el 4º piso demostrándo así su inquietante sangre fría. La caída fué mortal. La la hija de éste soltó un grito de dolor mientras los demás miembros de la familia lloraban en silencio y sin mover ni un músculo de su cuerpo. Los oficiales echaron a toda la familia a gritos de su propia casa a la calle, éstos echaron a correr con todas sus fuerzas.
Abajo les esperaban más alemanes. Cuando estaban a unos 10 metros de ellos abrieron fuego y mataron a los 6 restantes de la familia que intentaban salvarse.
Únicamente consiguió escapar el hijo mediano, que llegando hasta el final de la calle cortada intentó subirse a una ventana, y en eso se quedó, en un intento, uno de los oficiales le disparó.
No contentos con su hazaña se subieron todos a los coches en los que habían llegado a la casa, arrancaron, y de camino al cuartel pasaron por encima de los miembros de la familia, aún medio muertos, para que asi rematar la escabechina.