No saber a dónde te diriges. Saber “aproximadamente” dónde estás. Caminar mirando al frente y escuchando música con los cascos. Llegar hasta una esquina donde hay un hombre tocando la guitarra y ofrecerle unas monedas, pedirle una canción.
Sentir una brisa de aire fresco en el cuerpo a la vez que el sol de las 12 de mediodía se asienta en tus mejillas. Levantar la cabeza y respirar hondo, muy hondo. Hacer una foto, borrarla y volver a hacerla (¡mucho mejor así!). Llegar hasta El Retiro, tumbarte donde nadie te ve y dormirte media hora.
Despertar y quedarte horas tumbado mirando tu cielo, infinitamente infinito, tierno y fresco, lleno de ideas sabrosas.
Despertar y quedarte horas tumbado mirando tu cielo, infinitamente infinito, tierno y fresco, lleno de ideas sabrosas.
De repente te das cuenta de que lo quieres.
Ha llegado el día: te enamoras.
Porque no hay que tener una escusa para ir al centro de Madrid y caminar por sus calles sin rumbo.
aii Pariiss como me encantaaa¡ te lo plagiaria si me dejases los derechos de autorr jajaja¡ MEENTANTAA EN SERIIOOO :o
ResponderEliminartequieroo