miércoles, 15 de diciembre de 2010

Cosas de críos




Un día conocí a un pajarito realmente entrañable y esta noche he decidido que les voy a contar su historia.

El señor pájaro estaba siempre trabajando duro todo el día porque era muy trabajador y responsable. Al señor pájaro, tras un largo día volando de allí para allá, le encantaba acurrucarse en su nido cuando el cielo crepuscular arropaba el bosque donde él vivía. Solía quedarse mirando las estrellas y, a veces, se ponía a hablar con ellas, porque se sentía muy solo.

Algunas eran realmente agradables, pero ustedes sabéis perfectamente que no todas las estrellas son iguales. El señor pájaro cada noche intentaba hablar con una distinta para que cada noche fuera una historia nueva, una nueva experiencia, una nueva aventura.

Dichosa noche la que conoció a un astro realmente especial. Se hacía llamar Luna y decía que no era una estrella, sino un satélite. Señor pájaro estaba fascinado con Luna, era especial, extraña y, para él, era la única con la que merecía la pena hablar una y otra vez, pasar el resto de las noches de su vida con ella. Él lo veía así, pero en realidad Luna era un astro cualquiera, como cualquier estrella de su alrededor, corriente y moliente.

Señor pájaro decidió declarar su amor a Luna, pero fue rechazado porque Luna no quería estar con un pájaro, era algo imposible e ilógico, ella prefería estar con las demás estrellas.

Señor pájaro se puso realmente triste y pensaba que nunca encontraría a nadie que remplazara a Luna. Asique decidió conformarse con hablar con Luna de vez en cuando, un poquito cada noche.

Y así hizo hasta el día hoy, de momento me ha dicho que no piensa cambiar, que se sigue acordando de Luna, que a veces habla con ella, aunque no tanto como al principio. También me ha dicho que Luna le sigue diciendo que no se preocupe, que algún día encontrará a un pajarito que le robará el corazón de nuevo y, que cuando llegue ese momento, todas las noches de su vida serán felices al lado de aquel pajarito y que, mientras tanto, Luna les alumbrará el camino de la felicidad.

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