Entré en aquella sala oscura, curiosa. La verdad es que en estos últimos años había entrado a algunas cuantas salas como esa.
En el frutero frutero había todo tipo de frutas; más de la mitad eran desconocidas.
Las flores eran las primeras que intentaban disimular el hedor putrefacto a descomposición. Carne joven y piel muerta. Dos botellas de agua y un muerto en la sala
Tres velas se han apagado y sin vida le han dejado, quizás sea hora de ver de una vez por todas Sonrisas Y Lágrimas e intentar escapar de la presión, de la pena y de las putas sin valor.

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