Una gota caía derramada a través del
cristal del ventanal. Era invierno y hacía mucho frío. Soplaba el
viento fuera y se podía escuchar el follaje de las ramas de los
árboles junto con el sonido que hacía la madera de los leños al
realizar la combustión.
Mientras Lucas se quedaba medio dormido
por el sopor de la lumbre y del whisky que se estaba tomando, su gato
no hacía más que pasearse por la acogedora y mullida alfombra.
Es curioso que en una casa tan grande y
solitaria se escucharan tantos ruidos...
Estos últimos meses no hacía más que
jugar al solitario y beber whisky barato (decía que el alcohol caro
era para los ricos infelices). Decidió apostar por el azar y seguir
jugando al solitario, no había nada que hacer, que sentir.
Tanto por conocer.

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