domingo, 19 de febrero de 2012

H


La historia que voy a contar trata sobre un ciclista. Un ciclista que había viajado mucho, mucho. No hacía mas que subir cuestas, bajar cuestas, bajar cuestas. Corría y corría. Nunca paraba.

Por fin llegó el día. Paró. Se sentó al ras de la camino, cerca de Despeñaperros. Quedándose quieto, muy quieto. Pensaba, dormía y, a veces comía. Triste, dulce y atormentado.

Llegó el día. Se tomó un café por la noche; muy tarde, pero a tiempo. Tranquilo. Sin pausa, con silencio.


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