Hacía tanto que no escuchaba aquella melodía... desde hacía 7 años... me acuerdo perfectamente, cuando la escuché por primera vez lloré, y la escuchaba a todas horas; ¿quién me iba a decir a mi que me iba a gustar la música celta?
No paraba de escucharla, me tiré una buena temporada. Salía a la calle y la seguía escuchando, ahora, en mi cabeza; era genial, porque era la única canción que no llegaba a cansarme. Las notas parecían colgadas del cielo sujetas a un hilo de seda blanco, largo y fino. El oboe era el capataz de la obra, es decir, marcaban la melodía. La cuerda se encargaba del acompañamiento, junto con otros instrumentos.
Poco a poco pasó el tiempo y se fue quedando en el olvido, en un insignificante recuerdo que se encuentra al fondo a la derecha.
Pasaron años y ya ni si quiera la necesitaba, pero me seguía acordando de ella, de aquel bendito oboe porque algo tan bello es imposible olvidarse.
Hoy, día 29 de Septiembre del 2010 he descubierto la mejor versión de esa canción. Ahora no paro de escucharla. Es completamente pluscuamperfecta.
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