domingo, 13 de marzo de 2011

Casi-o'neil


Estaba harto de quitarle las pilas al reloj de la pared, de esconderlo debajo del sofá, de taparme la cara con la almohada...



Insultándole le dije que no estaba, que me había ido con Alicia a un sitio donde no se necesitan manecillas estúpidas ni suelas en los zapatos.



Cuando llegamos a la calle melancolía, le pregunté a Alicia si sabía si nos habíamos perdido, a lo que respondió con seguridad “Sí”, y yo me quedé más tranquilo.

- ¡Taxi!
- ¿A dónde le llevo?
- Lléveme a casa.

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