miércoles, 30 de marzo de 2011

Con su sonrisa


Voy a intentar contaros la historia de un muchacho un tanto extraño.

Corriendo por aquel paseo interminable mientras las naranjas de Valencia hacían su trabajo, escuchaba las olas romper en la arena, en su arena de cenizas de lo que fue su vida anterior; recuerdo violante que recapacita en errores del pasado.

Ahora el muchacho espera a encender dos velas y que se fundan en la noche dejando atrás velero en la mar; hoguera encendida.

El muchacho rebelde ya no toma verduras (aunque yo tampoco las tomo) y tampoco escucha música.

No tardará el viento en apagar las velas. Y con la llama ya muerta la cera quedará ahí, parada, sola. Esperando a que vuelva el velero a la mar; hoguera encendida.

Y no hará falta regreso alguno, pronto se dará cuenta que siempre estuvieron allí escondidos mientras veían pasar las horas solas, asolas.

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